La palabra “Paciente” viene del latín patiens, que significa “el que sufre”, “el que padece”, “el que soporta”.
He estado reflexionando sobre la palabra paciente. Viene del latín patiens, que significa “el que sufre”, “el que padece”, “el que soporta”. Y si lo piensas un momento, es interesante cómo desde el lenguaje ya se define un rol: alguien que está en una posición de sufrimiento.
Es cierto, muchas veces llegamos al médico porque hay algo que nos duele, algo que incomoda, algo que estamos padeciendo. Pero también me pregunto: ¿qué efecto tiene en ti asumirte como “el que sufre”?
Porque esa idea, aunque parezca sutil, puede colocarte en una posición de víctima. Y cuando te colocas ahí, algo en ti se debilita, se reduce, como si las opciones se acortaran.
Durante mucho tiempo yo pensaba que “paciente” tenía que ver con esperar… con estar pacientemente en una sala hasta que alguien más te atendiera. Y, de alguna forma, eso también refleja el lugar que muchas veces tomamos: esperar a que otro resuelva, a que otro entienda, a que otro indique el camino.
Históricamente, el término comenzó a usarse para diferenciar a quien recibe el tratamiento del médico que lo administra. Y sí, es válido pedir ayuda. Es natural acudir a otros seres humanos cuando algo se sale de nuestro campo de visión, cuando hay algo que no logramos ver por nosotros mismos.
Pero aquí hay algo que me parece clave: la ayuda no sustituye tu proceso, lo acompaña.
Pienso mucho en el abordaje de la psicoterapia. Ahí, el especialista no te dice lo que te pasa como una verdad absoluta. Más bien, te acompaña, te pregunta, te guía para que tú puedas ver aquello que estaba oculto. Es un proceso interactivo. Y lo más interesante es que, aunque el terapeuta pueda tener hipótesis, la única persona que realmente puede confirmarlas… eres tú.
Porque solo tú sabes lo que ocurre en tu interior.
Eso cambia completamente la perspectiva. Porque entonces dejas de ser alguien pasivo y te conviertes en el protagonista de tu proceso. Eres quien valida, quien reconoce, quien decide.
Lo mismo ocurre con la información que brindan los especialistas. Pueden ofrecerte conocimientos valiosos, sí. Pero esa información cobra sentido únicamente cuando tú logras integrarla a tu experiencia, cuando encaja con lo que estás viviendo.
Sin embargo, muchas veces el modelo médico tradicional ha llevado a una relación de dependencia: el médico como el que sabe, el paciente como el que recibe. Y en ese proceso, algo importante se pierde: tu conexión contigo mismo.
Esto incluso ha generado que responsabilicemos a los médicos de todo: del diagnóstico, de los errores, de los resultados del tratamiento. Pero si lo miras con honestidad, hay algo que no se puede delegar.
Tu proceso… es tuyo.
Tu cuerpo… es tuyo.
Tu camino de sanación… también.
Módulo 1.
Introducción
Biografía del Dr. Hamer
Conoce al Dr. Hamer, a su esposa, a su hijo Dirk, a sus dos hijas y al inesperado destino que lo encamino hacia sus grandiosos descubrimientos acerca de la “Nueva Medicina”.
Me gusta mucho verlo con un ejemplo sencillo: la nutrición. Un nutriólogo puede sugerirte una dieta, darte recomendaciones, orientarte desde su conocimiento. Pero eres tú quien decide si lo llevas a cabo, cómo lo haces, y cómo responde tu cuerpo. Nadie puede vivir ese proceso por ti.
Entonces, ¿qué pasaría si la relación entre médico y paciente cambiara?
Imagino un espacio donde tú no eres solo quien recibe, sino quien participa activamente. Donde el médico aporta su conocimiento y tú aportas tu experiencia. Donde ambos colaboran, cada uno desde su lugar, para comprender lo que ocurre y diseñar un camino posible.
Un proceso en equipo.
Donde tú asumes tu responsabilidad… y el especialista asume la suya.
Y entonces surgen preguntas que, al menos a mí, me invitan a reflexionar profundamente:
¿En qué momento alguien más se vuelve responsable de tu cuerpo?
¿De lo que vives?
¿De tu proceso?
¿De tu sanación?
Tal vez, más que ser “el que padece”, puedes empezar a verte como alguien que atraviesa un proceso… alguien que observa, que aprende, que decide.
Alguien que, acompañado, sí… pero nunca sustituido.
Iniciar sesion